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El Oficio Magazine Issue 10

Essay "La Colección Rice"

Authors: Gabriela Azcuy & David Horta

LA COLECCIÓN RICE 

 

El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje.

José Saramago

 

1.

 

Los Rice son una familia que se ha visto enriquecida y transformada espiritualmente a través de su relación íntima con el arte y los artistas, la cual ha engendrado un poderoso vínculo emocional e intelectual que crece y evoluciona con el paso de los años. Evidencia de ello es el contenido y el concepto, pero sobre todo, el proceso mismo de conformación de la colección de arte cubano, un proceso que está indisolublemente ligado a la idea y al acto de viajar, que para ellos significa explorar, descubrir y sintonizar.

 

Se puede trazar con absoluto rigor cronológico el itinerario de los viajes de los Rice a varios países en la última década. Para ello basta cotejar las fechas y procedencias de las adquisiciones asentadas en el registro de su colección, con las fotos y memorias de las reuniones de la familia durante ese periodo. Aunque desde hace mucho tiempo están asentados en Tampa, pudiera decirse que la mayor parte del año están de viaje, y que viajar es, más que una afición, una forma y una filosofía de vida. Por ello es tan significativo que, desde su primera visita a Cuba en el año 2013, la isla se convirtió, en ciertos aspectos, en una especie de escala definitiva. 

 

Desde entonces el arte cubano pasaría a ser para los Rice la bitácora de otro desplazamiento, o más bien de un eterno retorno, un viaje mucho más localizado pero que a la vez los llevaría aún más lejos que todos los realizados antes o después: un viaje interior al corazón de una cultura y su gente. La isla era como ningún otro lugar, y al mismo tiempo la encontrarían una y otra vez por todas partes. En esta revelación consistía su importancia. No se trataba de lo que tenía, sino de lo que irradiaba. 

 

Las razones por las cuales esto ha sucedido son muchas y diversas. Quizás una de las más evidentes a primera vista esté en el hecho de que los Rice proceden de unas raíces familiares y culturales que les despiertan empatía por un pueblo como el cubano, marcado por una historia de totalitarismos, opresión política, diáspora, y la constante necesidad de reencontrarse, expresarse, reconocerse y comprenderse a sí mismo a través de las imágenes, en medio de una geografía y una identidad fragmentadas y cambiantes. Pero hay muchas más razones. 

 

Los Rice comprendieron que, para los creadores residentes en la isla, el arte se había convertido en un vehículo para lidiar con la necesidad de expresar incertidumbres e ideas heterodoxas, inconformidades y aspiraciones frustradas con respecto a una realidad social, cultural, política y económica, y en medio de condiciones de producción y comunicación de las imágenes sumamente complejas. Esa mezcla de libertad vigilada, especificidad local y sentido de lo universal, riqueza e ingenio en las soluciones formales, complejidad semántica y expresión de preocupaciones sociales y filosóficas de gran calado, típicas del mejor arte cubano postrevolucionario, fue para los Rice un descubrimiento excepcional. 

 

Ocho años después de su primera visita a la isla, su colección de arte cubano comprende un amplio espectro que consta de más de 260 obras, realizadas por 76 artistas de origen cubano que vivieron y trabajaron o lo hacen aún, en la isla o en la diáspora. Este inventario en expansión abarca ejemplos representativos del arte moderno cubano fundacional, con figuras como Wifredo Lam, Mario Carreño, Roberto Diago, René Portocarrero, Cundo Bermúdez o los abstractos Salvador Corratgé, Pedro de Oraá, Antonio Vidal y José Rosabal; obras maestras salidas de las primeras hornadas de artistas que se formaron en las academias de arte postrevolucionarias, como Pedro Pablo Oliva, Roberto Fabelo, Manuel Mendive; así como de las generaciones que protagonizaron cambios claves en los paradigmas formales, conceptuales e ideológicos en los años 80 y principios de los 90 del pasado siglo, de la estirpe de José Bedia, Lázaro Saavedra, Eduardo Ponjuán, René Francisco Rodríguez, Ángel Ramírez, Sandra Ramos, Esterio Segura, Belkis Ayón, José Angel Vincench, Glenda León, y así hasta llegar a las más recientes promociones de artistas emergentes, como Jesús Hernández-Güero, Adrián Fernández o Chino Novo . 

 

La diversidad de la colección corresponde a las distintas sensibilidades de varios miembros de la familia, que conviven y dialogan bajo un mismo arco, que va desde el pop a la abstracción, desde el arte conceptual al outsider, desde la pintura y la escultura a la instalación, el objeto, la fotografía, el grabado, historietas, caricatura e ilustración. Los Rice, por supuesto, son muy conscientes de las tendencias del mercado y del arte que ya ha sido validado por críticos e historiadores. Sin embargo, también les fascinan los descubrimientos que no necesariamente están respaldados por el mercado del arte o las principales instituciones artísticas. Con intuición y cada vez mayor conocimiento, los Rice están construyendo una colección que se parece no solo a la totalidad multifacética del arte cubano, sino a la Cuba misma.


 

2.

 

Como un retoño de la colección, fecundado por el deseo de ofrecer testimonio, el compromiso y la voluntad de contribuir, nace la fundación sin ánimos de lucro The Cuban Arts Group (TCAG), fundada por Susie y Mitchell Rice en el año 2015. La misma, tal y como reza en su declaración de principios, “es resultado de un esfuerzo colaborativo entre apasionados de las artes y la historia de los Estados Unidos y de Cuba (…)”. Su misión es contribuir a la promoción del arte y la cultura cubanos principalmente entre el público estadounidense, a través de exposiciones, proyectos editoriales, programas educativos, de intercambio y otros, entre los que se incluyen paneles académicos, conferencias o la producción de audiovisuales, y en los que se involucran artistas, educadores, curadores, historiadores, realizadores cinematográficos y escritores cubanos. “The Cuban Arts Group se cimienta en la evolución de los nexos culturales que ha tenido lugar —y que continúa afianzándose— tanto en la isla como en toda la diáspora cubana en los Estados Unidos.”

 

Hasta la fecha, TCAG ha colaborado en más de una treintena de eventos, entre ellos las exposiciones Growing up in Neverland (Universidad de Tampa, 2016), Wild Noise (Bronx Museum of the Arts, 2017) y Cuban Ingenuity (Cade Museum, 2019); y más recientemente en la publicación del libro-arte “Hybrid of a Chrysler. A Provocation to Fly”. Esta publicación, basada en la obra homónima del artista Esterio Segura, es una edición limitada y bilingüe que incluye un dibujo original del artista. El libro forma parte de la memorabilia de una especie de performance o acción, donde se funden y confunden la obra en sí y su travesía hacia diversos espacios físicos y mentales, plagada de mutaciones de aspecto, formato y concepto. Una obra que se constituye en arquetipo simbólico del viaje del artista, que es el de su tiempo y su sociedad, y que con ese propósito ha cambiado de cuerpo, de alas, y se ha multiplicado en lienzos, dibujos, grabados, fotografías, para por último transformarse también en libro. Este último proyecto, sin proponérselo, bien pudiera considerarse como un emblema, una síntesis alegórica de lo que ha sido el viaje de la propia fundación The Cuban Arts Group, un recorrido que va de la seducción del vuelo a la lucha contra la fuerza gravitacional, hasta el despegue por fuerza de un empeño y voluntad irreductibles. 

 

Encontrar, comprender, atesorar y promover imágenes que expresan la experiencia singular de la cultura y la sociedad cubanas a lo largo de la historia, así como dialogar con sus creadores, se ha convertido en una motivación y un desafío para la familia. Así, en el intento de comprender a Cuba y a su arte, el coleccionismo de los Rice ha ido transitando el trecho que va del azar, inherente a toda exploración espontánea, a la formación de un nexo afectivo e intelectual con el hallazgo, que es el mismo camino que va de la intuición al conocimiento, de la serendipia a la búsqueda consciente, de la apreciación al compromiso y al testimonio. Es así como la relación con el arte de la isla se convirtió, más allá de las imágenes, en una suerte de historia de amor con Cuba y su cultura.